CRÓNICA DE LAS V JORNADAS NACIONALES DE MEDIACIÓN

LA PLEONEXIA POSITIVA DE LAS V JORNADAS NACIONALES DE MEDIACIÓN EN LEÓN

por Karina Sotelo

SOLO CABE PROGRESAR CUANDO SE PIENSA EN GRANDE, SOLO ES POSIBLE AVANZAR CUANDO SE MIRA LEJOS, decía Ortega y Gasset cuando a principios del Siglo XX positivizó el ambicioso concepto de pleonexia de Platón. Y seguramente estaba pensando en experiencias como las que pudimos vivir un grupo de mediadores de toda la geografía española, durante los días 24 y 25 de noviembre, en la ciudad de León, y que desde MEDIADOMUS  queremos compartir.

A través de seis ponencias y seis comunicaciones, organizadas como solo puede hacerlo, y lo hace, José Antonio Veiga Olivares de MEDIADORES VALLADOLID, los asistentes hemos podido nutrirnos a la par que disfrutar, de enriquecedores conceptos y experiencias que compartieron algunos compañeros de este no siempre fácil y sin embargo merecedor camino de la mediación como forma de gestionar y resolver conflictos.

Tan enriquecedores y tan vastos han sido, que detallarlos excedería el propósito de este artículo de reflejar algunas ideas interesantes, que no son pocas, que nos han dejado las exposiciones.

Por ello, nos centraremos en el contenido de las ponencias, sin dejar de apreciar la valía y aportación de todas las comunicaciones compartidas, sobre distintas experiencias registradas durante el último año, desde las premiadas mediadoras vallisoletanas de PROYECTO MEDIACIÓN en el ámbito comunitario, hasta la labor que desde Cataluña está realizando PALOMA LAVANDEIRA en el sector del ocio y turismo, pasando por la dinámica del diálogo común practicada en Mallorca por parte de SINGULARS, por los resultados de la comediación abogado-psicólogo en el programa de intrajudicial de los juzgados de familia de Oviedo desarrollado por ANGELA RODRIGUEZ Y MARINA FERNÁNDEZ, por la experiencia de la ASOCIACION AZTUAMOS de Zamora aunando mediación y teatro, y por el proyecto de La Mediación No Presencial de CONTIGORIENTA de León para mejorar la convivencia entre padres e hijos.

 

Desde Barcelona llegó Carlos Villagrasa para reflexionar en voz alta y con notable dominio y fluidez, respecto a la tendencia actual sobre la gestión de los conflictos a través de la mediación (vocablo muy utilizado últimamente aunque no siempre de forma acertada ni asertiva). A través de ella se puede hacer frente a la normopatía que afecta a nuestra sociedad, confiriendo a los auténticos protagonistas un rol activo en la búsqueda de soluciones a sus controversias, en la búsqueda, en definitiva, “del camino que les haga sentir felices”, el cual no siempre se ve favorecido por la propia actitud de la persona mediadora.

La mediación es la herramienta más idónea para acabar con la violencia, que está inserta en todos nuestros parámetros de vida, decía Carlos, refiriéndose no solo a la violencia manifiesta que sin dudas nos escandaliza y condiciona nuestra actuación como mediadores, sino también a la violencia sutil.

Es momento de que la mediación colabore en combatir todo aquello que conforma el totalitarismo moderno, esto es, además de la violencia como realidad alienadora, el pensamiento único, el conductismo de masas y la post-verdad.

Y en un sistema democrático y saludable, esto ha de hacerse desde la infancia, a través de pautas de gestión positiva de conflictos en los centros de estudio, que permitan educar a nuestros niños en la autogestión.

 

Justamente, sobre la implantación de su modelo positivo de convivencia desde los tres años de vida, el de la Mediación Educativa Contextualizada, nos ilustró con su alegría característica, una de las mediadoras referentes en este ámbito, nuestra salmantina Mari Luz Sánchez García-Arista.

La mediación es un instrumento educativo, por lo que debe ser insertada en el Plan de Convivencia de los centros formativos, junto con la educación en gestión de conflictos, en gestión de emociones y en habilidades sociales y de comunicación eficaz.

Los estilos relacionales y comunicativos de cada uno, que son los ladrillos que construyen el clima de convivencia, se aprenden. Y se aprenden en tres contextos: familiar, escolar y social, dando lugar a un enfoque sistémico, desde las instituciones conectadas.

Son esos estilos los que determinan, en el ciclo del conflicto, las posibles respuestas que daremos ante el mismo, por lo que podemos aprender a producir respuestas inteligentes (cerebro integrado con emociones) en lugar de respuestas no ajustadas (cerebro hostil o beligerante).

Ese cambio de paradigma es posible desde el fomento en el modelo de convivencia, de la cultura del diálogo y el acuerdo y de la gestión en positivo de las emociones,  cobrando aquí  todo su sentido y protagonismo la mediación.

 

De Madrid llegó otra mediadora de referencia, Amparo Quintana, quien desde su conocido sentido de la responsabilidad, habló sobre el equilibrio, en este caso, de poderes en un proceso de mediación, que afecta a uno de sus principios fundamentales, el de la neutralidad…tan lejos y tan cerca, decía parafraseando el título de una película alemana de la década de los 90´s y regalándonos la siguiente frase: “Mirar desde arriba no es mirar. Hay que mirar a la altura de otros ojos”.

El poder es la capacidad, real o potencial, de influir sobra la otra parte. Desde la neutralidad, los mediadores hemos de reconocerlo (no devolverlo porque ya lo tienen), por lo que, al inicio del proceso se torna imperativo analizar quién tiene el poder, cuál es la apariencia que adopta en cada parte y si se observa desigualdad, teniendo en cuenta que existe una diversidad de manifestaciones, así como de orígenes del poder.

Tradicionalmente se nos ha dicho que debemos ser neutrales y equidistantes, con una intervención simétrica. Pero de mantener este planteo se puede reforzar la posición de la parte más poderosa, tal como sostenía el líder sudafricano Desmond Tutu cuando decía: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor. Si un elefante tiene su pie en la cola de un ratón y dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad”.

La función del mediador es la de dirigir una orquesta desafinada y su neutralidad consiste en no interferir en los acuerdos, concluía Amparo.

 

Para finalizar la jornada del viernes y antes de la degustación del Vermut catalán ofrecido por IN-MEDIATIO, la mediadora Elena Baixauli desde Valencia y a través de su reconocida experiencia, compartió datos y apreciaciones sobre mediaciones y organizaciones saludables.

La empresa es un sistema, donde sus componentes han evolucionado en la concepción y posición respecto del trabajo desde la Generación Silenciosa de 1930 hasta la Generación Z de nuestros días.

La mediación aplicada al ámbito laboral, es una herramienta hábil y eficaz para hacer frente a los cambios de paradigmas del sistema y a los distintos conflictos que pueden surgir en su seno, porque nos permite llegar más allá de lo meramente visible y centrarnos en las soluciones. Así, la mediación se asienta en la empresa como un instrumento de prevención de riesgos laborales, tales como el mobbing y una serie de otros riesgos o factores de riesgos psicosociales, como el stress que provoca cualquier tipo de violencia en el ámbito de trabajo.

Los conflictos se traducen en un gran coste para la empresa. Desde la gestión positiva que aporta la mediación, generadora de resiliencia y resonancia y de modelos de trabajo cooperativos y colaborativos, aquellos pueden minimizarse, dando lugar, además, a una forma de organización saludable.

Asimismo, apuntaba Elena la necesidad de formar a los líderes de esas organizaciones, fomentando desde los sistemas educativos a edad temprana, el aprendizaje en habilidades como la creatividad, la empatía, el reconocimiento y manejo de las emociones y el trabajo en equipo.

 

La jornada del sábado comenzó con Teresa del Val, aportando una nota internacional a las ponencias al traernos información, desde Buenos Aires, sobre una de las nuevas herramientas del mediador: el análisis de las microexpresiones faciales.

A través del canal de comunicación no verbal o corporal (que representa el 55% frente al para-verbal (voz) y verbal (palabra) que representan el 38% y el 7% respectivamente), y concretamente desde el movimiento de los músculos faciales que duran menos de medio segundo, se revelan las verdaderas emociones de las personas.  Y como afrima el médico argentino Daniel López Rosetti en su libro Emoción y Sentimientos, “no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan”.

Teresa compartió claves de la mirada profesional que debemos adoptar los mediadores, y desde las microexpresiones faciales, poder identificar emociones básicas (tristeza, sorpresa, miedo, desprecio, asco, ira o enfado y felicidad) y entrenarnos en la difícil y delicada tarea de la detección de mentiras.

 

Para cerrar las Jornadas y antes de retirarnos, de la mano de María, a embelesarnos con los rincones y la gastronomía de su tierra, llegó Iñaki Bolaños, leonés de nacimiento y bilbaíno por adopción, con la humildad que solo los grandes pueden detentar y con su indiscutible compromiso con la mediación en España.

Reivindicando el valor de los acuerdos relacionales y de la riqueza del idioma castellano, su charla versaba sobre los “apartes”, esto es, esos espacios de comunicación ente el mediador y cada protagonista del conflicto por separado con la finalidad de comenzar o avanzar en un proceso de mediación, que solemos denominar con el vocablo indoamericano “caucus”.

El tema fue abordado desde cuatro aspectos: la duración (entre cinco minutos, quince minutos o una sesión entera, en función de las necesidades y que puede darse en presencia de la otra parte o no), las interacciones conflictivas (intervención en situaciones de comunicación desequilibrada, de escalada del conflicto o de interacción silenciosa, siempre solicitando el permiso de los protagonistas para intervenir y devolverles algo mejor de lo que tenían), los territorios conflictivos (comunicacional, emocional, cognitivo, narrativo, sustantivo y relacional) y los momentos del proceso (preliminares, de definición y redefinición del conflicto, de negociación y de compromisos y acuerdos).

Por la forma en que ha contribuido este encuentro anual de mediadores a la idea del crecimiento personal y profesional ilimitado del filósofo español, no cabe duda respecto a lo acertado del lema elegido por José Antonio para estas Jornadas: “La mediación, si no existiera habría que inventarla”

Nos vemos en Burgos 2018!!

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