CAMBIO DE CUSTODIA EXPRESS

De todos es conocido que, en los procesos de divorcio, uno de los temas que produce más controversia y enfrentamiento entre los padres, es la custodia de los hijos.

Esta pareja, divorciada desde hace 2 años, había pactado una custodia exclusiva de la madre con un régimen de visitas más amplio que los habituales fines de semana alternos y, a diferencia de lo que ocurre normalmente, la comunicación entre los ex cónyuges era bastante fluida. Quizás por ello decidieron acudir a mediación, recomendados por una amiga de la pareja, ante una situación sobrevenida para la madre. Sara (nombre ficticio) es una profesional muy valorada en la empresa para la que trabaja y de improviso recibió una oferta para co-dirigir un importante proyecto en un país de oriente medio. Ella sabía que si rechazaba la oferta aduciendo el cuidado de los hijos, le iba a costar muy caro profesionalmente y que su desarrollo profesional se vería muy perjudicado. Aún teniendo las mejores condiciones de sueldo, casa y seguro médico, el problema radicaba en sus hijos; un niño de 9 años y una niña de 6. Sabía que no solo contaría con la oposición por todos los medios de su ex, sino que además sus hijos rechazaban la idea de vivir en otro país.

El planteamiento del cambio de custodia era muy sencillo desde el plano jurídico; un simple proceso de modificación de medidas. Pero la nueva situación entrañaría muchos matices, los cuales nunca se verían recogidos en la sentencia de un juez. Temas como dónde vivirían los hijos, la continuidad en el colegio, dónde y con quién pasarían las vacaciones, la comunicación de los hijos con su madre y con sus abuelos maternos y el nuevo reparto de los gastos le preocupaban a Sara. Por su parte, Ricardo (nombre ficticio), se resistía a volver al que fuera el domicilio familiar (ahora muy alejado de su actual trabajo), entendía que la pensión de alimentos la debería pagar Sara, debiendo tener en cuenta los altos ingresos con los que contaría una vez se fuera al extranjero, la organización familiar cuando ella volviera ocasional o definitivamente a España, y los gastos de posibles desplazamientos de los hijos. En relación a esto último, no ocultaba sus temores ante los posibles viajes de los niños para ver a su madre.

Los mediadores ayudamos a ordenar los temas a discutir y mediante preguntas abiertas dimos paso a otros asuntos que, por experiencia, sabemos que en el día a día podrían ser conflictivos y que no se tienen en cuenta inicialmente. Después de la primera sesión, en la que mantuvimos entrevistas individuales, y una vez determinados todos los temas que les preocupaban a Sara y a Ricardo, les facilitamos unas plantillas de gastos para que las rellenaran y les sugerimos consultar a la familia extensa (abuelos, tíos, etc) sobre su disposición para colaborar puntualmente, ante la nueva situación y los cambios que se avecinaban.

La premura con la que se tenían que adoptar las decisiones nos obligó a mantener sesiones de hasta 4 horas, por lo que ya en la segunda sesión, las partes acordaron temas muy importantes:

–              Custodia exclusiva a favor de Ricardo.

–              Aumento de la pensión de alimentos para costear una niñera que cuidaría a los niños desde la salida del colegio, hasta las 20.00 hs, cuando volvía a casa su padre.

–              Ricardo viviría en el domicilio familiar con los hijos pero en todos los periodos de vacaciones escolares que permanecieran con él, se desplazarían a vivir a su actual domicilio.

–              Las visitas a los abuelos maternos se harían 2 veces al mes, en fines de semana, uno de los cuales lo pasarían entero (de viernes por la tarde a domingo por la tarde), en casa de los abuelos.

–              Teniendo en cuenta la diferencia horaria, los hijos mantendrían cada dos días, como mínimo, una videoconferencia por Skype, sobre las 20.30hs.

–              En el caso de que Sara volviera ocasionalmente a España se mantendría el régimen de estancia y comunicación que habían pactado anteriormente.

En la tercera sesión hubo dos puntos en los que no se llegó a ningún acuerdo. Sara quería que los niños recibieran clase del idioma del país al que iba a ser destinada, a lo que Ricardo se oponía tajantemente. Éste, a su vez, insistía en que si los niños viajaban para ver a su madre, lo hicieran siempre acompañados de al menos uno de sus abuelos maternos y Sara no quería comprometerles permanentemente a este efecto.

De todos modos, en esta sesión, se alcanzaron otros acuerdos de importancia:

–              Seguirían pagando al 50 % la hipoteca de la vivienda familiar y los gastos e impuestos derivados de su proindiviso, pero de ahora en adelante, tanto los gastos derivados del uso, como la comunidad de propietarios, los pagaría Ricardo.

–              Mantendrían el reparto de vacaciones (semana santa y verano) tal como lo venían realizando. Y si los hijos tuvieran que desplazarse al país donde va a residir Sara, ella se haría cargo de los gastos de viaje.

–              Para la Navidad se mantendría el régimen vigente, al tener Sara la seguridad de que la pasaría siempre en España. En este caso, Sara se quedaría en el domicilio familiar y Ricardo volvería a su domicilio actual.

–              Cualquier decisión de transcendencia para los hijos, seria acordada por vía telefónica, excepto las que tuvieran carácter urgente que serían adoptadas por el padre de los niños.

–              A sugerencia de Ricardo, ambos contratarían por su cuenta, un seguro de vida y accidentes con iguales coberturas, de los que serían beneficiarios los hijos.

–              Por último, acordaron volver a someter a mediación cualquier futura discrepancia sobre estos acuerdos, ya fuera presencialmente, o por videoconferencia (Skype)

Para la firma del acta final les mencionamos la posibilidad, si lo deseaban, de acudir acompañados de abogado o abogados, dado que el acuerdo de mediación sería sometido a homologación judicial, en sustitución de su anterior convenio regulador de divorcio.

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